Vida Académica, Vida Universitaria

6/06/2007

Homenaje a Hungría


El próximo concierto del Coro Femenino de Cámara está dedicado a la música de ese fascinante "melting pot" cultural que es Hungría.
Hay que imaginar la riqueza y complejidad de un legado tan disímil, turco-tártaro por un lado, europeo occidental por otro. El idioma húngaro es un misterio que los linguistas asignan al grupo ugro-finés. ¿Será por eso que son grandes matemáticos y grandes músicos? El canto gregoriano, el arte de los trovadores, la polifonía franco-flamenca, el madrigalismo italiano y el canto protestante se mezclaron con el legado de turcos y gitanos, generando un folklor fascinante, que más tarde aprovecharían los maestros del siglo XX.
El concierto preparado por Boris Alvarado, con Michael Landau en piano y las 22 cantantes del Coro, contiene piezas de cuatro compositores, que de algun modo tipifican la evolución de la música húngara. Partirá con cuatro piezas de Franz Liszt, compositor eminentemente romántico, que media entre la vanguardia de Ligeti y la cultura popular folklórica de la que se nutrirán más tarde Bartok, el más conocido de los compositores húngaros del siglo pasado. De aquel se interpretarán dos piezas, una coral a capella y otra para piano solo, que demuestran la amalgama de influencias ya mencionada.
Con György Ligeti (1923-2006) ya entra la experimentación tan propia del modernismo europeo. De una primera con reminiscencias de la canción campesina y popular, Ligeti pasa otra marcada por la investigación sonora y de carácter vanguardista. Varias composiciones suyas fueron utilizadas por Stanley Kubrick en películas como "2001, Odisea en el Espacio", "El Resplandor" y "Eyes Wide Shut".
La segunda parte del Concierto estará dedicada íntegramente a Zoltán Kodály (en la foto). Menos conocido que Bartok, pero amigo y mentor de aquel, Kodaly fusionó también la tradición popular con la vanguardia europea, especialmente el impresionismo de Débussy. Su triple formación como músico, lingüista y filósofo explica sus aportes al nacimiento de la etnomusicología y a la didáctica musical.
La invitación al público es, por lo tanto, a sumergirse en estos paisajes sonoros que evocan el paisaje de los Cárpatos, la belleza decadente de Budapest, la sensualidad de los gitanos, la construcción de paisajes sonoros modernos desde la más remota antigüedad.

6/01/2007

Cuarto Rostros para Quijano


Las cuatro versiones de Don Quijote que se exhiben el Cineteca PUCV tienen algo en común. Son en sí "quijotadas".
La primera de ellas fue filmada en Francia en 1933 por el cineasta austriaco Georg Wilhelm Pabst. Recién fugado de las garras del nazismo, con un presupuesto paupérrimo, Pabst no sólo filmó una sino ¡tres versiones! La versión alemana se perdió y la inglesa está mutilada en al menos veinte minutos. La francesa, que se exhibe, es de una gran belleza plástica, con alusiones a Goya, Velázquez, Zurbarán y El Greco. El actor que hace de Quijote en las tres versiones es un cantante de ópera ruso, Fedor Chiaplin. Como el presupuesto no alcanzaba para filmar el guión entero, Pabst introdujo cinco largas secuencias musicales.
Una experiencia similar vivió Orson Wells en 1955. También estaba exiliado, pero de Hollywood. Y nada menos que en la España franquista. Es, por lo tanto, la única de las cuatro películas filmada en las auténticas locaciones de la novela. Curiosamente también se eligió un actor ruso, Akim Tamiroff, para encarnar al Quijote. Los fragmentos fueron montados por Jesús Franco, ayudante de dirección de Wells, a mediados de los noventa. El resultado es un largometraje desconcertante, de una pericia visual y narrativa digna del autor de Ciudadano Kane.
Si de adaptaciones se trata, los historiadores del cine coinciden en destacar que la de Gregori Kozintsev es la más lograda. Discípulo de Einsestein, meticuloso adaptador de otras joyas de la literatura como Hamlet y Rey Lear, Kozintsev rodó este Quijote a color en Crimea, logrando una atmósfera sorprendentemente castellana. Muy sobria, estilizada y rítmicamente marcada por la dialéctica visual del cine soviético, es un Quijote ceñido al texo, prácticamente ortodoxo.
Para cerrar el ciclo, tenemos una versión mexicana derechamente cómica, protagonizada, cómo no, por Mario Moreno Cantinflas en el rol de Sancho Panza y Fernando Fernán Gómez como el Ingenioso Hidalgo. Momentos hilarantes y sentimentalismo emotivo coronan una historia que es menos una adaptación que una usurpación latinoamericana del mito.